El testimonio del comercio: Nos llevan a la ruina y además suben los impuestos

Comercio cerrado

Los establecimientos que han abierto en la Fase 0 están sobreviviendo con menos trabajadores, muy pocos clientes y la misma presión fiscal.

La apertura de locales y establecimientos con cita previa a clientes individuales, permitida por el Gobierno en la denominada Fase 0, ha estado marcada por la desolación y desesperanza de los autónomos españoles. Los comerciantes están intentando sobrevivir extremando las medidas de seguridad sanitarias y redoblando los esfuerzos por cumplir con los protocolos del Covid-19.

Mientras que en países como Italia, el gobierno ha aprobado exenciones fiscales para los pequeños empresarios, en España ese horizonte se antoja utópico. El Ejecutivo de Sánchez ha aprobado el aplazamiento en el pago de cuotas de los autónomos, pero no es ni mucho menos suficiente. Los afectados saben que eso es pan para hoy y hambre para mañana. Tarde o temprano Hacienda reclamará el pedazo de pastel que ahora no se ha comido.

“El Gobierno se ríe de nosotros. Si antes estábamos mal, ahora peor. Las peluqueras llevábamos desde 2012 reclamando la bajada del IVA del 21 al 10% porque es imposible pagar tantos impuestos y poder mantener el negocio abierto. Imagina ahora con este panorama. Ellos con sus 22 ministerios y unas vidas de lujo, y nosotras aquí sacrificadas que no sabemos cómo vamos a salir adelante. Tienen que bajar los impuestos o no sobreviviremos. Muchas cerrarán”, se queja Raquel Ruiz, profesional de peluquería.

La empresaria nos enseña el circuito sanitario que cumplen a rajatabla en la peluquería. “Cada vez que un cliente se va todo es desinfectado. Los lavacabezas, peines, secadores…Una corta y la otra se encarga de ir limpiando todo”, explica Raquel. Mientras tanto, en la calle un cliente está esperando fuera fumando un cigarrillo. “Yo no tengo miedo de venir porque confío en ellas, soy cliente de siempre. A otro sitio quizás no me atrevería”, indica el caballero mientras le conducen a que realice el circuito sanitario en el salón de belleza.

El destino hacia esta “nueva normalidad” presumida por Pedro Sánchez dibuja, desde el inicio de esta Fase O, un paisaje de nuevo hundimiento. “Estamos dando muchas citas, pero las clientas cancelan a última hora. Las informaciones del Gobierno son tan confusas que no se fían y les entra miedo a última hora. De momento, las citas las estamos dando muy espaciadas en el tiempo. Aquí no pueden entrar más de dos clientes y, por supuesto, cumplimos a rajatabla los protocolos sanitarios”, indica Mónica Gil mientras seca el pelo a una mujer mayor.

Trabajar a medio gas

En cada local el cabreo y la desesperación se respiran entre dependientes y la gente que entra. Las conservaciones versan en el mismo sentido, las críticas a la gestión del Gobierno. Los propietarios hablan de que la catástrofe sanitaria y económica podía haberse evitado de haber actuado con antelación y cuando se dieron los avisos. Sin embargo, hay pánico a la hora de hablar con la prensa. En la mayoría de los casos no desean que se publique sus declaraciones por la posible persecución fiscal contra sus negocios.

Otros hablan abiertamente. Pedro Gil de la Cámara es dueño de una droguería madrileña. Ha tenido que poner a la venta hidrogeles y mascarillas. “La gente prescinde en estos momentos de comprar una colonia o perfume. He estado muy solo toda la semana. Vienen muy pocos clientes. La semana no ha ido nada bien y los autónomos como siempre somos los últimos en ser ayudados o considerados por el Gobierno”, lamenta el comerciante tras su mostrador.

En las ferreterías las ventas “tampoco son para tirar cohetes”, nos dice un encargado. La tienda está vacía, aunque “la semana no ha ido mal del todo porque la gente necesitaba arreglar cosas que se les ha roto en casa durante el confinamiento”. Al igual que el resto de empleados, ve un futuro muy negro en el que “solo se va a mantener las familias, padres e hijos que vivirán del negocio como puedan. El resto de empleados se van a ir a la calle”, nos cuenta el ferretero.

Las tiendas de ropa siguen cerradas. Los comercios dedicados a los accesorios de móviles están casi desiertos. Mohamed señala que “ha sido una semana muy mala”. Por el mismo motivo, Mariela, propietaria de una centro de manicura y estética, ha tenido que prescindir de la mitad de la plantilla. “Hay falta de espacio. Tenemos que respetar los criterios sanitarios y de higiene, así lo hacemos. Sí que hemos dado muchas citas y no noto que haya miedo a venir, lo que pasa es que nos vemos limitadas porque hay que guardar la distancia. El local tiene los metros que tiene. Solo espero que esto pase lo antes posible”, destaca la empresaria estilista.

Muy crítico también se muestra Francisco José García, dueño de una famosa hamburguesería y cervecería. “Este Gobierno no lo ha hecho nada bien. Recuerdo ver pasar la manifestación del 8M delante de mi local. Entró aquí mucha gente que podía haberme infectado. A mis 62 años soy población de riesgo. Gracias a dios estamos subsistiendo por los pedidos a domicilio. No sabemos si el Ayuntamiento nos dejará poner más mesas porque dentro el local es pequeño, solo nos daría para dos mesas con las distancias de seguridad“, comenta desde su cocina mientras su hija le ayuda con los platos.

El hotelero agrega, “a mí me enseñó mi padre que me tenía que buscar la vida yo solo, por eso sé que el Gobierno no nos va ayudar a los autónomos jamás. No perdonará las cuotas. ¿De qué me sirve que me las aplace este mes si sé que me la van a reclamar en breve? Gracias al arrendador mi socio en su local ha podido renegociar el precio de alquiler y se lo han bajado. Pero es algo que lo estamos haciendo entre nosotros para salir a flote y salvarnos del declive”, apunta Francisco.

No muy lejos, unos técnicos colocan ya una puerta especial en una cervecería. “El dueño está preparándolo todo para abrir en la siguiente fase y tener la terraza lista y el interior del local acondicionado. Hay ganas de abrir. Hay que hacerlo porque nos vamos a pique”, insiste el empleado mientras coloca unos cristales que reflejan las ganas por adaptarse y salir adelante con o sin ayuda.

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